La noche en blanco, ese era mi pretexto, pero la gran finalidad era bajar, bueno es mi forma de expresar mi desplazamiento a Madrid, pues está mas bajo que Villalba, no?, pues eso, bajar a la capital (los de pueblo somos asi) y disfrutar de un concierto de mi admirado Ismael Serrano, pero mucho cuidado! que no era un concierto al uso de esos multitudinarios, en que solo consigues verle a través de la gran pantalla del escenario y mas que nada, lo que terminas haciendo es amistad con los de alrededor, que tampoco está mal pero no es el caso, era en la Fnac, su sala es pequeña, acogedora y prometía ser algo especial la presentación de su ultimo trabajo “Sueños de un hombre despierto”, pues bien. Salí de casa con el tiempo suficiente para estar a las 8 en la Fnac, claro que no conté con varios imprevistos, ayer había una contrarreloj de la vuelta ciclista, aquí en Villalba, si se hubiera desplazado ZP no habrían montado tanta parafernalia, todas las salidas desde mi casa, cortadas, petado de grandes camiones, un caos que me retraso mas de media hora, bien consigo salir a la A6, pero no todo iban a ser miel sobre hojuelas, caravana!! Si una mas en mi cotidiana vida, reconozco que infringí el código de circulación como en mis mejores tiempos, varias veces.. bueno fueron bastantes, pero comprenderme, era un caso de urgencia y necesidad, conseguí entrar en Madrid a eso de las 8 de la tarde y para cuando quise desprenderme del coche, y plantarme ante el Fnac, cruenta batalla la mía. Ya había terminado todo, no lloré por vergüenza, pero me asaltaron unas ganas que ni os cuento.
Quizá los que me conozcan, entenderán ahora porque mi deseo de vender mi casa y trasladarme cerca de la ciudad y sus eventos.
Habia preparado con mucha ilusión mi noche en blanco, primero Ismael y después un circuito curioso, la primera parte se fue a pique, después comenzó a llover, y para finalizar, calada, cabreada y, viendo como habían ido suspendiendo por la lluvia la mayoría de los performances que tenía señalados para ver, decidí simplemente dejarme ir empujada por la marabunta de personas que paseaban un Madrid que se había puesto sus mejores galas para recibir a la familia.
A las 3 de la mañana, me despedí del gran anfitrión y derrotada, desolada, todavía empapada, me subí a casa (ya sabeis, Madrid abajo, Villalba arriba).
Como dice la penosa Ley de Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal, no queda ni una entrada para los conciertos (los grandes) que dará Ismael en Noviembre, se puede pedir algo mas, si, Sonríe. Mañana puede ser peor.
















