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15 de septiembre de 2007

Terapia de taller

Es surrealista, me paso los días pidiendo a gritos, un poco de tiempo libre, necesito jornadas que tengan ... 27 o 28 horas (sin exagerar), para dedicarme alguna de puro relajo, llevo todas las obligaciones enlazadas unas a otras y, por favor, que no me falle ninguna, porque el caos puede ser dramático.

Me levanto sobre las 6, ducha rápida, me tiro el primer café al coleto, y empiezo la carrera con la hora siempre pegada al culo, cojo el coche, atasco, atasco, mas atasco, oficina, mas café, trabajo, llamadas, café, mas trabajo, muevo hasta la saciedad mil papeles¿?, me como el ordenador, la jefa pide, solicita, exige, me baño literalmente en café, llego a la comida, sin tiempo para saborearla y por supuesto, olvidando la digestión o la cabezada al sopor del tomate o del documental de la 2, continúo trabajando, me sujeto los ojos que desean hacer un fundido con la pantalla del ordenador, consigo vencer la chicha siestera a eso de las siete, si he logrado rematar bien el día... que puede ser peor y darme las ocho, las nueve y acordarme de Sabina "... y nos dieron las diez".

Cuando al fin consigo arrancar, literalmente, el cuerpo de esa silla ergonómica, especial para largas horas de trabajo y muchos dolores de cervicales, casi me escapo diciendo un mudo adios, pues mi jefa puede tener alguna idea brillante para iluminar el fin de fiesta. Vuelvo al coche deseando llegar al atasco para respirar ya con un ritmo acompasado hasta mi casa-dormitorio, tras 40 kilómetros, me despido del asfalto, del atasco, del coche y mmm paz por unas horas, pienso en cenar pero.. no tengo cuerpo, leer... ya no veo ni una letra, ordenador... mas no, por favor. Miro con toda la ternura que sale de mis sentimientos el sofá y me dejo caer, bueno mas bien me desmayo, hasta que el cuello grita "ehhh a dormir a la cama, coñe! y termino un día que será fiel reflejo del que me brinde mi próximo despertar.

Hoy he tenido que llevar el coche al taller y lo que iban a ser treinta minutos, se han convertido en dos horitas de nada, dos horas sin hacer nada, bueno no, han sido dos horas en las que he reconstruido mi vida, mis ideas, mis obligaciones , mis planes, y tras ese tiempo muerto, de nada, en el sillóncito “ad hoc” estratégicamente colocado en la oficina del taller y, después de pasar por caja (son 300€) me siento estupenda como si saliera de una sesión de psicoanálisis y terapia, vamos que he llegado a casa con una sonrisa de oreja a oreja.


No hay nada como dos horas inútiles ¿? al día