Hemos regresado, mis biorritmos y yo, mucho mas relajados, con las pilas cargadas y a la espera de robarle otro puñado de horas al tedioso trabajo, para volvernos a lanzar a una fuga que siempre tiene billete de vuelta.
Charlando, en el viaje de vuelta con ellos, mis biorritmos, llegamos a una conclusión, un día de estos, tirando a pronto, nuestra escapada va a ser definitiva, nos vamos a quedar en la playa, por supuesto, sin dejar de pisar de vez en cuando el bendito-maldito asfalto de Madrid.

Volviendo a la escapada, he descansado, he cogido ese colorcito tan favorecedor que regala la brisa del mar mientras te tomas una rica cerveza fresquita adornada con “puntillitas” (chopitos en Madrid) mmmm y una paella, eso no podía faltar, es condición indispensable para aguantar el tirón, y después de darme unos bañitos de mar y luna… regreso a la jungla de hierros, humos, insultos, prisas.

Mis biorritmos y yo, nos hemos equilibrado para otra temporada.
Me despedí con mucha tristeza de esa dulce arena



